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Bondad atea

Bondad atea

La Asociación Humanista Americana acaba de lanzar una campaña atea, con el lema “Why believe in a god? Just be good for goodness’ sake“, traducido como “¿Por qué creer en un Dios? Sé bueno sólo por amor a la bondad1.

Y me parece muy bien que cada cual haga las campañas que quiera defendiendo sus ideas.

Lo que no acabo de entender es que usen lemas tan toscos. A ver: ¿Para ser buenos hay que creer en Dios? No creo que nadie defienda eso. ¿No pueden tener principios morales los que no creen en Dios? Desde luego que sí. ¿Los creyentes defendemos lo contrario? Desde luego que no.

Pero es que si abundamos en la nota de prensa que ha sacado la Asociación Humanista Americana, los argumentos se vuelven más sicodélicos aún.

Leemos:

“Humanists have always understood that you don’t need a god to be good,” said Roy Speckhardt, executive director of the American Humanist Association. “So that’s the point we’re making with this advertising campaign. Morality doesn’t come from religion. It’s a set of values embraced by individuals and society based on empathy, fairness, and experience.”

Y traduzco literalmente:

“Los humanistas hemos entendido siempre que no es necesario Dios para ser bueno”, dice Roy Speckhardt, director ejecutivo de la Asociación Humanista Americana. “Así que, ¿cuál es la razón para realizar esta campaña? La moralidad no proviene de la religión. Es un conjunto de valores aceptados por los individuos y la sociedad basados en la empatia, la justicia y la experiencia”.

A mí me parece que una cosa no tiene nada que ver con la otra. ¿Creemos en Dios para ser buenos? No. ¿Somos buenos porque creemos en Dios? ¡Ojalá! ¿Entonces?

Si me dijeran que los humanistas estaban haciendo una campaña para promover la bondad y el sentido moral de los individuos, más allá de sus creencias, todavía tendría algo de sentido.

Los cristianos creemos en un Dios que se nos revela, que se nos acerca. Ése el es primer paso: el primer abrazo del Padre que se ha puesto a nuestro lado, y como a Moisés se nos revela y nos dice: “Yo soy el que soy”.

Evidentemente que el creer en Dios nos lleva a vivir con unos valores determinados. La universalidad de estos valores es fundamento de nuestra sociedad, y se pueden ver desde una perspectiva creyente o no, porque no son exclusivos de los creyentes. Pero la moralidad sí que tiene unas raíces religiosas: en la historia de la construcción social es más que evidente la influencia que tiene la aceptación de unos valores universales. Negarlo sería como negar las raíces cristianas de nuestra sociedad europea, como algunos políticos de tres al cuarto parece que quieren hacer. Pero la historia está ahí, para lo bueno y para lo malo. Otra cosa es que los valores cristianos hayan trascendido el hecho religioso y sean universalmente aceptados.

En fin, resumiendo: que me parece muy bien que se defienda cualquier tipo de ideología, pero… por favor, con mensajes menos desafortunados.

Notas:

  1. Curiosamente, aunque no sé si hay intención en ello, la expresión “be good for goodness sake” aparece en una conocidísima canción navideña norteamericana (que no villancico) llamada “Santa Claus is coming to town”, compuesta J. Fred Coots y Haven Gillespie en por 1934. La letra dice:

    He sees you when you’re sleeping
    He knows when you’re awake
    He knows if you’ve been bad or good
    So be good for goodness sake!!

    Traducido al castellano:

    Los observa cuando duermen
    Sabe cuando están despiertos
    Sabe si han sido buenos o malos
    ¡¡Así que pórtense bien, por Dios!!

    Se refiere, evidentemente, a Santa Claus.

Sobre el autor

Javier

Laico vicenciano, afiliado a la Congregación de la Misión. Gestiona y mantiene varias páginas web cristianas y vicencianas, incluida La Red de Formación "Somos Vicencianos", de la que es cofundador. Es también coordinador internacional de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Como músico católico, ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compañía discográfica católica de España. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de dirección, Gestión Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bilíngüe Español/Inglés. Trabaja en las Tecnologías de la Información, ofreciendo servicios de alojamiento, diseño y mantenimiento Web, así como asesoramiento, formación y soluciones informáticas, gestión documental y digitalización de textos, edición y maquetación de libros, revistas, flyers, etc.

1 comentario

  1. gloria

    Javier, gracias por tu blog. Entré a través de la página de “12 mitos sobre el hambre en el mundo”, y ya de una cosa me he ido a otra 🙂

    Comentarte que no podría estar más de acuerdo con lo que dices aquí. Sin embargo, al ser creyente tal vez no hayas podido ver lo que ven o “viven” quienes no lo son. Por ejemplo, está aceptado y no cuestionamos el llevar una joya que es una cruz colgada; también poner en los balcones imágenes del niño Jesús cuando llega la Navidad; el ir a misa los domingos (por lo menos); el ser bautizado, hacer la comunión, confirmación, boda… sin embargo, qué pasa cuando alguien lleva colgada una cruz invertida? o pone en su balcón un cartel diciendo “Jesús no ha nacido”? o decide no seguir los ritos cristianos?

    En mi familia hemos sido tradicionalmente muy religiosos, pero un día en el colegio me di cuenta que una de mis compañeras, que no iba a religión, era dejada de lado… Así que decidí hacer la prueba: me colgué la cruz invertida (símbolo del anticristo, por lo que me dijeron) No pude andar ni 5 minutos sin ser recriminada… cuando decidí no hacer la comunión, me frieron a preguntas e intentaron convencerme de que cambiara de opinión, de que “volviera en mí”… Mi respuesta era simplemente “te he preguntado yo a tí porqué llevas tú la cruz o porqué quieres hacer la comunión?” a lo que siempre obtenía un “es que no es lo mismo”… punto.

    Conoces aquello de “Gracias a Dios soy ateo”? pues algo así me ha pasado a mi, Javier. Me di cuenta de que, sin ser realmente conscientes de ello, no hay RESPETO, no respetamos la pluralidad… damos por bueno lo que tradicionalmente se ha considerado como tal, sin pensar que, como bien dices, hay gente muy creyente que no es nada buena, y gente que no cree que sí que lo es… el problema es que, tal y como está la sociedad establecida, los que no creen, tienen que demostrar que, “a pesar de todo”, son buena gente…

    Por mi parte, dejé ya hace tiempo de pensar en el asunto, y me di cuenta de que hacía mucho más bien preocupándome del prójimo, que por lo que Dios o no Dios pudiera pensar de mí. Así que ya no soy ni atea, porque el ateísmo considero no deja de ser sino otra religión. Ahora me limito a ser conciudadana, y a intentar que me respeten tanto como respeto yo.

    Lo dicho, muchísimas gracias, y un saludo,

    Gloria

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