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El hambre, la vergüenza de la Humanidad

El hambre, la vergüenza de la Humanidad

Los más mayores recordaremos a Nicolás Castellanos, que fue obispo de Palencia hasta que, a comienzos de los 90, decidió dimitir de esta diócesis e irse a trabajar de misionero a América.

Nicolás Castellanos nació el 18 de febrero de 1935 en un pueblo agricultor y ganadero, Mansilla del Páramo (León). Profesó el sacerdocio en Palencia en 1953 y realizó sus estudios eclesiásticos en el monasterio de La Vid (Burgos). En 1992 dimitió como obispo de Palencia para dedicarse a la labor misionera y, desde entonces, monseñor Castellanos reside en Santa Cruz (Bolivia) con un grupo de religiosos, sacerdotes y laicos. En esta ciudad trabaja en el Plan 3.000, que pretende mejorar las condiciones de vida y salubridad en esta área urbana. Ha fundado la parroquia “Hombres nuevos” de la que dependen cinco comedores infantiles a los que acuden más de 800 niños y madres. En el Centro de Niños “Palencia” se atienden anualmente a 200 niños desnutridos y se proporciona capacitación a sus madres. También ha construido catorce centros escolares, con más de 14.000 alumnos, bajo el movimiento “Ningún niño sin escuela en Santa Cruz ni en Bolivia”. En 2004, y dentro del Plan 3.000, se construyó un hospital en este barrio, y comenzó la construcción de viviendas sociales para familias inmigrantes de Santa Cruz de la Sierra.

En 1998 le fue otorgada la Medalla al Mérito Municipal por el Honorable Concejo Municipal de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. En 1999 es designada como “Leonés del año”. En 2001 obtiene el Premio de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes a la labor humanitaria a favor de los niños pobres, y en 2002 el Premio Valores Humanos de la Comunidad de Castilla y León. En 2006 el Gobierno español le otorga la Medalla de Oro al Trabajo, que le es impuesta en agosto del mismo año por la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega en el curso de una visita de estado por Bolivia.

Traigo acá dos entrevistas que le realizaron a Monseñor, en distintas fechas, en las que insiste en las mismas ideas:

Publicado por Religión Digital:

P- Buenos días, es un placer tenerle con nosotros.

R- Mucho más para mí.

P- Podemos empezar hablando de la tan manida crisis. ¿Cómo ve usted la situación actual? ¿Allí se nota más? ¿Los pobres son, al final, los que más pagan el pato?

R- Bueno, allí lógicamente vivimos una crisis permanente, entonces, no sé si se ha notado más o no. Lo que sí es cierto es esa frase que siempre se dice: los pobres cada día son más pobres. Es la realidad. A mí se me rompe el alma cuando voy por la calle y un niño se te abraza a los pies y dice “padresito, tengo hambre”. Esa es la escena cotidiana que se vive en la calle. Todos los días. Como dato, por ejemplo, nosotros hasta el 2008 teníamos 4 comedores. Ahora tenemos 5. Todos lo días damos de desayunar y comer a 1.000 niños.

P- ¿1.000 niños que sin su asistencia no tendrían nada?

R- Desayunarían un trozo de pan y un té. Pansito y tesito. Y cenarían exactamente igual. A mediodía les hace su mamá una sopa, en la que mete un kilo de huesos 10 o 12 veces.

P- Eso significa que están desnutridos.

R- Totalmente. Tenemos a parte de los comedores un centro de niños desnutridos. Ahí habremos salvado unas 4.000 vidas. Esos ya están en un grado que de no ser por el centro, se morirían.

P- ¿Qué es exactamente todo lo que tiene allí? ¿Cómo lo mantiene?

R- Lo mantenemos fundamentalmente desde España. Con instituciones de distinto rango. Ahora por ejemplo acabo de hablar con la secretaria de estado de cooperación de la ECI? Diputaciones, comunidades, autonomías, ayuntamientos”¦ y mucha gente particular que a mí me conoce. Porque a la gente le gusta eso de que, si aquí entregas un euro, allí se va a multiplicar. Eso a la gente le gusta mucho.

P- Personalizar la caridad.

R- Sí, pero no es que la gente quiera saber en qué lo inviertes, normalmente se fían. Yo tengo la anécdota de un empresario español que había oído hablar de mí, y antes me decía “yo quiero que lo inviertas en lo que yo te diga”. Cuando fue allí, y vio lo que habíamos hecho, dijo “mejor que tú, nadie sabe en qué hay que invertirlo”.

P- ¿O sea que se ha convertido usted en una especie de “pedigüeño de Dios”?

R- Bueno, puede ser, aunque en realidad, yo nunca pido. Yo sólo muestro las necesidades. Y la gente, ante eso, lo ve. La última escuela que inauguramos el 26 de diciembre está a 4500 metros de altura, en el altiplano. Las niñas y niños para ir a la escuela tenían que andar de 1 a 6 horas. Un empresario español amigo mío, dijo “oye, eso no lo podemos tolerar, venga, hay que arreglarlo”. Entonces, él vio la necesidad y él fue quien invirtió 150.000 euros para hacer la escuela.

P- ¿O sea que usted invita a la gente a que vaya allí y lo vea?

R- Exacto. Tengo otra anécdota: yo soy muy amigo de José Bono. Entonces, recién llegado, fue él a verme. Y me dijo: “me ha quedado clara una cosa: hay que invertir en proyectos que tengan impacto transformador” (sobre todo a través de la educación, claro).

P- Y usted ya lleva con ese proyecto de impacto transformador muchos años, ¿no?

R- 17.

P- ¿Y cada vez creciendo más?

R- Si, hasta ahora siempre ha ido “in crescendo”. El año pasado yo me quedé sorprendido. Una revista de finanzas que se llama Cast?, de Bolivia, de ámbito nacional, hizo un estudio sobre las 100 instituciones y personas que tienen más influencia en el país, y yo me quedé admirado de que nosotros, unos pobres diablos que vamos por la vida sin un euro, resulta que somos la 27 institución de mayor influencia y credibilidad en el país.

P- Eso se gana a pulso.

R- Sí. Con mucha mística, que es muy importante. Hay que creer en la utopía. A mí me preguntan muchas veces “¿y cómo se financia eso?” y yo digo “todo eso, con utopía”.

P- Y con la Providencia.

R- Si, exactamente, hoy suena más lo de utopía, pero, claro. Yo creo en la Providencia.

P- ¿El futuro le preocupa? El futuro de los pobres.

R- Sí me preocupa, porque en vez de dar soluciones y respuestas reales a los pobres, cada vez son más pobres. Es preocupante porque aquí en el norte estamos muy bien, pero ya lo decía Martín Lutero, que todo hombre, toda mujer, todo niño, tenga derecho a hacer 3 comidas al día, porque todos tenemos la necesidad. Pero a lo mejor aquí podéis satisfacerla, y cuando yo veo que nuestra gente no tiene esa posibilidad, se me rompe el alma. No te acostumbras a la pobreza. Yo llevo 17 años en un barrio de 250.000 habitantes, donde el 60% son pobres y el 40% vive en la miseria, y me paso todo el día viendo pobreza.
Ahora, también esto tiene algo muy gratificante, y es que todo lo que haces produce efectos positivos.

P- Porque la pobreza no es bonita. Huele mal.

R- Muy mal. Es horrorosa. La pobreza es la ignominia de la humanidad. Hay que impedirlo.

P- ¿Y alguien como usted lleva luchando contra esa lacra por el Evangelio?

R- Sí, mi opción fundamental es Jesús de Nazaret. Y eso ha quedado muy claro ahora en Aparecida, que ha resuelto todas las ambigüedades, la opción por los pobres está bien clara. Para nosotros la opción por los pobres nace del encuentro personal con Jesús. Yo, si me encuentro con Jesús, necesariamente me encuentro con el pobre. No voy a Jesús por el pobre: al revés, Jesús es quien me hace descubrir la realidad del pobre y darle la preferencia (no exclusivamente, porque no hay que excluir a nadie), pero sí darle la preferencia al pobre.

P- ¿O sea que con Aparecida ha desaparecido “si le he entendido bien- esa falsa dicotomía “Teología de la Liberación sí/Teología de la Liberación no”? ¿Usted cree que se sigue reclamando la liberación de Cristo?

R- Sí, claro. Además la Teología de la Liberación siempre dijo eso. Gustavo Gutiérrez lo tiene muy claro. Que la opción cristología de la opción por los pobres nace precisamente de Cristo. No al revés, porque lo otro sería una opción sociológica o política. Aparecida eso lo deja. Y ahora se está hablando constantemente de ese encuentro gratuito de Jesús, que es el que trae todas las demás consecuencias. Yo creo que la Iglesia de hoy necesita recuperar todo esto. Ir a ese encuentro personal con Jesús. Precisamente, Aparecida dejó a un lado a la historia, los dogmas”¦ y se centró en el encuentro gozoso, gratificante, con Jesús el Señor.

P- Algo que allí me imagino que se vive de otra forma, más a fondo”¦

R- Totalmente. Allí es espontáneo. Yo, con mis 74 años, llevo un grupo de universitarios.

P- No sabía que tenía usted 74 años. Será el altiplano que le mantiene as픦

R- No, si yo estoy abajo. Estamos a 450 metros sobre el nivel del mar. Lo que iba diciendo, que yo iba a buscar un joven para este grupo de universitarios, y me dijeron “no, no, si lo deja usted nosotros también lo dejamos”. O sea, es gratificante, la eucaristía allí es participativa, llena de niños, de jóvenes”¦ hasta de perros. Es una fiesta.

P- ¿Qué tendría que hacer la Iglesia jerárquica europea de cara a esta crisis? Gestos concretos. ¿Qué le pediría usted a los obispos españoles? Por ejemplo, ha habido un obispo, el de Cádiz, que ha dicho “yo entrego el 10% de mis salario a Cáritas”. Ese gesto, aunque sea simbólico, es significativo. ¿Podría extrapolarse a todos los demás, promoverse desde las altas instancias?

R- Efectivamente. Mira, yo creo que a la Iglesia en Europa le falta mucha creatividad. Y le falta mucha presencia, y contar más con el Espíritu Santo. Yo creo que hay que sintonizar, conectar con el mundo en que vivimos. Igual que nosotros tenemos que decir allí “¿Cómo hablar de Dios a los pobres?”, ellos tienen que decir “¿Cómo hablar de Dios en época de crisis?”. Aquí hay una oportunidad de oro. Yo tengo una frase acuñada que es “en el norte sobran todos los medios para vivir, y faltan razones para existir; y en el sur carecemos de los medios para vivir, pero nos sobran razones para existir”. En nuestro barrio de pobres tenemos la presencia de Jesús, de la Iglesia”¦ que hace que la gente tenga esperanza. Ahora tenemos que ser más creativos, a ver cómo en este mundo de insatisfacción, en este mundo en crisis, la Iglesia hace su aporte. Indiscutiblemente, igual que allí la solidaridad despierta todas las esperanzas, aquí también tiene que ser así. Hay que hacer gestos que conecten con el Espíritu Santo. A mí me da pena, que veo que aquí hay más nostalgia de la Iglesia preconcialiar que de la Iglesia del Vaticano II.

P- ¿Eso es porque vamos en busca de seguridades, o de la seguridad que nos dio cierta época pasada?

R- Efectivamente, y yo creo que el Evangelio es la plataforma de las inseguridades, de las libertades. Desde ahí tenemos que hacer la oferta gratuita de la buena noticia que nos trae Jesús. Y desde ahí yo creo que todo es posible. Yo no tengo fórmulas mágicas que sacarme de la manga, pero yo creo que en este momento la Iglesia tendría que pensar seriamente cuáles son los retos de este mundo en crisis, y cuáles serían las respuestas desde el Evangelio a estas necesidades. Las hay, yo estoy convencido.

P- ¿Separándose, quizás, del poder y de la política, y dedicándose a ser autoridad moral como en la época de Tarancón?

R- Efectivamente. Mañana veré a Patino, un gran amigo y colaborador. Me gustó la carta del día de reyes, entre Tarancón y Rouco. Salió en El País, de Martín Villa. Haciendo alusión a recuperar el espíritu de la transición, mediante una carta entre Tarancón, que está en el más allá, y Rouco.

P- ¿Usted no se atreve a hacer esa carta desde Bolivia?

R- Yo me siento un cristiano “aunque obispo emérito- de a pie. Entiendo que lo que hay que hacer es meter las manos en la harina de la historia. Hoy la Iglesia tiene un desafío. Aquello que decía san Agustín: “Nos hiciste, señor, para ti. Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. En el fondo de todo corazón humano hay una serie de valores que nada de este mundo puede llenar. Entonces, yo creo que tenemos que recuperar la mística, la utopía de Jesús. Hay que volver a predicar el Reino. Y todo lo demás (seguridades, poder”¦) no importa. Lo importante es tener autoridad moral.

P- ¿Y dar a conocer, quizás, también, a gente como usted y como otros muchos: Cáritas, 28.000 misioneros que se están dejando la vida por los más pobres? Porque es verdad que en la Iglesia hay mucha gente a pie de obra.

R- Si, totalmente correcto. En Bolivia la institución de mayor credibilidad en todo el país es la Iglesia. Yo creo que hay una Iglesia, rica, misionera, profética, que tendría que aflorar más. Basta leer los Coloquios Nocturnos del cardenal Martini, donde explica claramente que no estamos despertando la felicidad, la plenitud que nos da el Evangelio. O Adela Cortina, que dice “la jerarquía sólo está diciendo lo que no hay que hacer”.

P- La “Iglesia del No”, que dice el vaticanista Marco Politi.

R- Exacto. Pero no hay que sentirse derrotados. Yo me sentí muy optimista “y realista al mismo tiempo- mientras fui obispo de Palencia, y me sigo moviendo con el mismo optimismo en el mundo de los pobres. Porque nos damos cuenta de que, por ejemplo, el proyecto Hombres Nuevos, de inspiración cristiana, está levantando y manteniendo las esperanzas de los pobres.

P- Pero, monseñor, aunque no se puede hablar de dos Iglesias, ni 3 ni 4”¦ hay cierta gente en España por ejemplo, que está un poco desesperanzada en ese sentido. Lo que nos viene de Roma y de la jerarquía es siempre lo mismo: el no. No es esa Iglesia esperanzada, que busca”¦

R- Efectivamente. Lo que nos falta es fe. Yo entiendo que un creyente, un hombre que hace oración todos los días, que celebra el sacramento de la eucaristía, tiene que ser un hombre de esperanza. Lo que pasa es que yo creo que hay que hacer análisis de la realidad. Un ejemplo: fue el Papa Benedicto XVI a Aparecida, y tiró un poco de las orejas a los obispos, porque le preocupaba mucho esa deserción de católicos, sobre todo pobres, a otras religiones. Se habla de un 1% anual.

P- ¿En Brasil?

R- No, en toda la Iglesia, y en especial en América latina. Y no vale decir “esto son pecados personales”. No, ahora tenemos una nueva cultura que necesita nuevas estructuras. Y ahí entra el juego la creatividad. ¿Qué papel tiene la Iglesia es esta nueva cultura compleja, diversa, plural? Esto implica inventiva, para ver cómo hacemos llegar este mensaje pletórico de vida de Jesús.

P- Esa línea opositiva, profética”¦ Casaldáliga, usted”¦ , ¿tiene futuro en la Iglesia? ¿El cambio viene de arriba, de abajo, de los dos sitios a la vez? ¿El péndulo ha ido demasiado a la derecha, hay que centrarlo?

R- Yo creo en el Espíritu Santo, y creo que al igual que ocurrió aquel vendaval del Vaticano II, aquella intuición maravillosa de Juan XXIII, si queremos hoy una renovación estructural y fuerte de la Iglesia, hay que volver a los pobres. Seguramente así seríamos capaces de recuperar ese norte que necesita hoy la Iglesia.

P- ¿Y usted cree que es posible, que al Espíritu nadie le pone puertas?

R- El misterio de la iniquidad anda por el medio, pero yo estoy convencido de que hay mucha más presencia del Espíritu Santo que del misterio inicitatis?

P- Hábleme un poco de Evo Morales. En España tiene buena imagen en un lado, mala imagen en otro”¦ ¿Qué está haciendo?

R- Para mí, el que Evo Morales haya despertado a todo el país y haya dicho que hay que tomar conciencia de los pobres, me parece una aportación muy importante. No se puede perder de vista que América Latina es el continente en que mayor desigualdad hay de todos. Y dentro de América Latina, Bolivia es el primer país en el que más desigualdad hay. Entonces hay que aplicar una justicia social. Ahora bien, hay que aplicarla en un estado de derecho, democrático y de libertades. Y ahí me parece que Evo falla. De hecho, llevamos 3 años de gobierno, y ciertamente en Bolivia hoy se pasa más hambre que hace 3 años. Entonces, esas reformas, esa opción que dice haber tomado por los pobres, no llega al 70% de pobres del país. No llega al barrio, donde la gente sufre. Donde llega una niña a comprar 50 gramos de carne para 12 personas que son en casa. No se ve un horizonte abierto.

P- ¿Ha hablado usted con Evo? ¿Le ha visto alguna vez, le ha pedido consejo?

R- No, nunca. Y te digo una cosa, todos los presidentes anteriores han pasado por el Plan 3.000, se han interesado por el proyecto”¦incluso algunos decían “este es el modelo ideal auténtico de urbanización de un barrio pobre”. Porque claro, nosotros allí tenemos de todo. La única universidad de teatro que hay en Bolivia, es la Facultad de Teatro de Hombres Nuevos, que está dentro de la Universidad Católica de Bolivia. Nuestro objetivo es elevar la autoestima de la gente y reducir las fronteras de la pobreza.

P- ¿Alimentar el cuerpo y el alma? El espíritu, la razón”¦

R- Exactamente. Te contare una anécdota. Un día estaba yo en una asamblea, allí en el barrio. Tenemos becados en la universidad 500 jóvenes. Y me dijeron unos universitarios: “Oye, Nicolás, ¿es que los pobres no tenemos derecho a conocer nuestro arte, nuestra cultura?”. Me dije yo “Esto es una joyita. Hagamos un debate sobre esto, a ver qué soluciones encontramos”. Y fue fácil, sacamos esta conclusión: hagamos trabajo comunitario, y todo lo que saquemos lo invertimos en viajes culturales, etc. Y efectivamente se ha hecho eso. El trabajo comunitario es vender empanadas, hacer rifas, títeres”¦ y ya hemos hecho 12 viajes culturales. Y la segunda parte viene ahora. Otro día, en una asamblea, dijo una señora: “¿habiendo tanta hambre en el barrio, es justo que hagamos viajes culturales?”. Le contesto otra señora: “doñita, no sólo hay que alimentar el cuerpo, también hay que alimentar el espíritu”. Se aprende mucho de la sabiduría popular.

P- Me imagino que tendrá en proyecto traer esas representaciones a España alguna vez.

R- Ya estuvimos. Una orquesta de rango internacional, dando conciertos. Una periodista suiza que vio a la orquesta actuar en Sucre, se enamoró, y ahora un cineasta argentino va a hacer una película sobre la orquesta.

P- Príncipe de Asturias”¦ le falta el Nobel.

R- Bah, yo en eso no pienso. A mí esos premios me interesan en la medida en que sirvan para tomar conciencia de la realidad empobrecida en que viven los pobres.

P- ¿Qué contacto mantiene con Casaldáliga?

R- Muy bueno, somos muy buenos amigos. Me ha escrito un prólogo precioso para mi libro Utopía y realidad, Hombres Nuevos. Tenemos mucha comunicación. En el libro que se ha hecho por los 80 años de Casaldáliga tengo una participación. El artículo Pedro Solidario.

P- ¿Sigue habiendo profetas?

R- Sí, y también mucha gente profética del pueblo, que nadie conoce.

P- ¿Obama es un profeta?

R- Vamos a verlo. Hay muchas expectativas de que verdaderamente sea profeta en este mundo en que vivimos. Vamos a ver si las expectativas se hacen realidad.

P- ¿Y Zapatero es tan malo como dicen algunos de sus colegas?

R- Bueno, a mí no me gusta emitir juicios de las personas. Creo que los problemas hay que resolverlos con el diálogo, no con descalificaciones. A mí me gusta Zapatero, además, es paisano mío. Pero insito en que hay que buscar el dialogo, las cosas en que coincidimos. Yo he estado en Palencia y tengo unas relaciones espléndidas con el PP, con Izquierda Unida”¦ Tengo un puente dedicado que me dio el PSOE de Palencia. IU dijo, “No, para nuestro obispo un puente es poco: una calle”. Yo creo que todas las personas tenemos ganas de acertar, de buscar el bien común. Por eso, hay que crear contextos, plataformas, donde realmente nos escuchemos. La Iglesia tiene que tener una escucha valiente a este mundo. Porque en este mundo está presente el Espíritu Santo.

P- ¿Qué nos pide a los europeos, a los españoles, que nos ha afectado un poco la crisis, pero que en comparación con estos niños”¦? A mí es que me ha dejado de hielo.

R- En justicia, no podemos seguir dando migajas al sur. Yo estoy muy agradecido al norte, a todas las instituciones, tanto del PSOE como del PP, que nos colaboran, porque los pobres no tienen color político, lo que tienen es hambre. Yo estoy muy agradecido por la ayuda, pero, a pesar de la crisis, pienso que el norte en justicia tendría que ser mucho más solidario. En Bolivia tenemos 1 millón de niños y niñas sin escuela. Allí un becado de la universidad, un chico o una chica candidato a delincuente, por 200 euros al año se va a hacer profesional.

P- ¿Qué puede hacer cualquier persona que nos vea, para ponerse en contacto con usted, para hacerle llegar solidariamente ese dinero que se invierte en el niño que pasa hambre o en el chaval que quiere hacer una carrera?

R- Pues, tenemos una fundación aquí en España, sede en Palencia. Fundación Hombres Nuevos. Avda Castilla 59 1º izquierda, 34005 Palencia. El mail es fundacion@hombresnuevos.org y el teléfono, 979 74 42 57. Y ya saben que euro entregado aquí, euro que allí se duplica.

P- Porque la caridad siempre fructifica más, ¿no?

R- Efectivamente. Tiene que haber solvencia, honestidad”¦ También tenemos proyectos de voluntariado. Esos 500 becarios de los que te hablaba, un año antes tienen que hacer 4 horas de voluntariado, que lo mismo es trapear, fregar un piso, limpiar cristales”¦ que apoyo escolar, ludotecas, bibliotecas, escuelas deportivas, socorrismo”¦etc.

P- ¿Voluntarios también de España?

R- Sí, ya habrán pasado unos 4.000 voluntarios de España, de Italia, de Alemania y de América latina.

P- Pues ha sido un placer, monseñor, encontrarnos con un profeta así, cara a cara. Muchísimas gracias.

R- A ti, muchas gracias.

Publicado por La Opinión de Zamora:

P- ¿Nicolás Castellanos, que prefirió el ser al tener, es un samaritano del siglo XXI?

R- Todos los creyentes y seguidores de Jesús debemos ser samaritanos. Es lo que define a la Iglesia. Yo intento ser samaritano en un mundo muy empobrecido.

P- ¿Predicar con el ejemplo es la mejor pastoral?

R- Sí. Porque son más necesarios los testigos que los maestros.

P- Las labores de la Fundación Hombre Nuevo, en Santa Cruz. Quince años. Mucho hecho y mucho por hacer. Sobre todo, en el campo educativo. ¿Qué distingue a los valores evangélicos de otros valores (más laicos)?

R- Si son valores, ya son evangélicos. La solidaridad, el compartir, el perdón, la compasión…son valores cristianos. Todo valor auténtico también lo es cristiano.

P- Escuelas, comedores… Se trata de mejorar la calidad de vida de los más pobres. ¿La primera obra de misericordia es enseñar al que no sabe o dar de comer al hambriento?

R- Las dos tienen primacía. Nosotros siempre partimos de un proyecto integral. Asumimos la persona del pobre, y éste tiene que satisfacer todas las necesidades: físicas, espirituales y biológicas. Si es creyente, hay que ofrecerle un templo; si el niño carece de escuela, hay que construir un centro educativo; si tiene hambre, hay que darle de comer. Sin embargo, debe buscarse la promoción integral de la persona.

P- “Tanto tienes, tanto vales”. La cultura de la solidaridad no pasa, con frecuencia, de buenos propósitos. Ante una nueva situación, ¿también nuevos valores?

R- No. Los valores siempre son los mismos. Lo importante es que nuestras actitudes se conviertan y seamos capaces de apostar por todos. Y no de manera teórica, sino práctica. Un Premio Nobel de Economía afirmaba recientemente que la extrema pobreza podía desaparecer en el mundo en veinte años si los políticos, las instituciones, las empresas, las personas diéramos el uno por ciento de nuestro presupuesto… Importa la existencia de una sensibilidad de solidaridad.

P- ¿Cuál es la riqueza de los pobres?… ¿Sólo su dignidad?

R- Ah, ése es el mensaje. Si vamos al mundo de los pobres, debemos acudir con una actitud de ser condiscípulos en la misma escuela. Llevo 17 años en un barrio marginal, entre los humildes, y es más lo que aprendes que lo que enseñas. En mi zona, unos hijos quedan sin padres y, entonces, son repartidos entre los vecinos. Y los tratan igual que a los suyos. Eso es solidaridad y compartir riqueza en la pobreza.

P- ¿Estar con los pobres también es ponerse, evangélicamente, de parte de los pobres?

R- Sí, sí… Tú nunca vas a ser pobre como ellos. Por eso te piden que seas solidario con sus causas. Lo primero de todo es amar, escuchar, estar cerca, dialogar… Y, juntos, buscar soluciones. Nosotros aplicamos un principio: nada para el pobre, sino todo con el pobre. Allí no regalamos nada. Todo el mundo tiene que comprometerse, que implicarse y, en unión, indagar remedios a los problemas de salud, de educación…

P- ¿La pobreza es la peor de las dictaduras?

R- La ignominia de la Humanidad es la pobreza. Es la dictadura mayor. Yo vivo en medio de gente que pasa hambre, y es una dictadura que causa un gran daño. Nuestro sueño es, desde el Evangelio, que todas las personas del mundo puedan hacer tres comidas al día, como los demás.

P- ¿Acaso el populismo político no se aprovecha de esa situación?

R- Efectivamente. Esos populismos no resuelven nada. Porque no tienen en cuenta la dignidad de la persona, quieren hacer un discurso único (para que unos pocos se aprovechen y los demás sigan sumidos en la pobreza y en la miseria). No tiene sentido que la gente pase hambre. Qué revolución es ésa. El populismo no es ninguna solución.

P- Benedicto XVI habla de una «ideología del bienestar». Por el contrario, si se mira a algunas zonas del Tercer Mundo, parece que también existe una ideología de la necesidad.

R- Hay que hablar más del bien-ser que del bien-estar. Eso es fundamental. Lo mismo que el ser es antes que el tener. Nosotros hemos de ir a esa cultura del bien-ser, que después se proyecte en obras, gestos, signos de solidaridad, para que se realice la justicia. Porque la justicia no es dar a cada uno lo suyo, sino entregar a cada uno lo que necesita para vivir con dignidad.

P- ¿Los pobres de Bolivia son menos pobres con Evo Morales?

R- Por desgracia, no. Te expongo dos ejemplos. Hace 4 ó 5 meses, con un “boliviano” -moneda que equivale a la décima parte de un euro- podían comprase seis panes. En la actualidad, sólo se adquieren tres. El arroz es el producto-base de la alimentación. Un kilo valía 4 “bolivianos” hace quince días. Ahora cuesta 10… Eso quiere decir que ahora se vive peor que antes.

P- El ignorante es más fácilmente manipulable. Porque así se nota menos el chanchullo y la injusticia. ¿Los gobiernos practican mucho esa política?

R- Hay un millón de niños sin escolarizar en el país. Y el 14 por ciento de la población se halla en la categoría de analfabetos absolutos. Los funcionales representan el 42. Parece que a los gobernantes y a la clase pudiente les interesa que el pueblo sea ignorante, para manipularle mejor. Un pueblo culto, preparado, resuelve los problemas económicos y sociales. Si no lo es…

P- ¿Está justificada la emergencia de los movimientos indigenistas?

R- No pueden seguir en la opresión en la que han vivido durante tanto tiempo. Hace falta una política que tenga en cuenta a las distintas etnias para que esas personas puedan subsistir dignamente. Y sólo hay una manera para que el indígena deje de ser indigente: producir riqueza y, después, distribuirla bien.

P- ¿Los líderes indigenistas, los líderes populistas tienen algo -algún tic- de fundamentalistas?

R- Puede ser. Pero tiene su explicación: siempre han estado aplastados. Es lógico. Y eso sólo se resuelve con la educación, la cultura y la elevación de la autoestima.

P- Inversiones de empresas multinacionales en países subdesarrollados. ¿Siempre ganan unos y otros?

R- No. La primera reforma de Evo Morales fue positiva, porque no hay derecho a que las multinacionales se lleven -parece que se llevaban- el 82% y sólo dejen el 18. Ahora las cosas se han nivelado. Si una empresa va a un país, es porque quiere ganar. Pero que su acción tenga un efecto liberador, productivo para la nación en la que se asienta.

P- La Iglesia es una y diversa (en sus espiritualidades). Eso la fortalece más que la debilita. Sin embargo, da la sensación -en la jerarquía- de que existe miedo al pluralismo.

R- Yo también percibo eso. Da la impresión, al menos en España, de que existe miedo al pluralismo. Y no es cierto. El Concilio Vaticano II nos da un principio de inspiración agustiniana, que señala: «Unidad en lo esencial; en la duda, libertad; en todo, caridad». La Iglesia apostólica, de los primeros siglos, era una y diversa. No hay que tener miedo al pluralismo. Es más: las diversidades son un enriquecimiento si están orientadas hacia la unidad.

P- Da la sensación, también, de que a veces a la Iglesia le cuesta comprender la realidad.

R- Desde mi experiencia, creo que no. Sin embargo, puede dar la impresión de que no somos realistas, de que carecemos de la sensibilidad para captar los nuevos signos de esta época. Estos, así lo pide el Concilio, deben ser interpretados a la luz del Evangelio, para que podamos ofrecer respuestas a las grandes interrogantes de la vida y de la muerte. Ahí existe una cuestión de discernimiento. Y éste se hace a base de mucha oración y, también, de mucho diálogo. Y dialogar no es solamente dar nuestra opinión, sino escuchar el criterio de los otros. Parece que hemos olvidado el dicho clásico: “Vox populi, vox Dei”. Hay que recuperar la voz del pueblo, todos hemos de dejarnos interpelar. El Espíritu habla a través de los pastores y, también, de los laicos.

P- Y produce la misma sensación: la Iglesia europea “ha burocratizado” a Dios. ¿Es una falsa impresión?

R- En el Sur, Dios es alguien para la gente. Aquí, en Europa, se trata de un ser lejano, distante. En la cultura actual, parece que molesta y estorba. Y, sin embargo, es el que apuesta por el hombre y, sobre todo, por los pobres.

P- La Roma vaticana o el Tercer Mundo: ¿dónde huele más a Evangelio?

R- Qué complicado… En el Tercer mundo, aquello huele a Evangelio. Allí se vive, hay experiencia de Evangelio. La Iglesia tiene tanta credibilidad en Bolivia porque las religiosas, los sacerdotes y los obispos están comprometidos con el pueblo. Un diputado de aquel país, equivalente ideológicamente a IU en España, me decía que si la Iglesia abandonara todas sus obras, el Estado boliviano se quedaba sin proyecto social. La cercanía y la pasión por los pobres y la justicia en el mundo tienen que definir al cristiano.

P- ¿Cristo estaría contento con la actual jerarquía eclesial?

R- Qué quieres que te diga… Todos los obispos son santos y buenos. Habría que preguntárselo a Dios.

P- ¿La Memoria Histórica puede reabrir heridas, como apuntan algunos de sus ex compañeros de Episcopado?

R- Yo creo que ha sido muy positivo el discurso del presidente de la CEE. Considero que debe recuperarse aquel talante de Tarancón: de dialogar, de escuchar, de buscar juntos soluciones a los problemas. Y, también, intentar que no se abran heridas, porque eso no conduce a nada… Me parece muy bien lo de pedir perdón, como lo ha hecho monseñor Ricardo Blázquez. No hay que buscar las confrontaciones.

P- Sin diálogo no hay concordia. Reconciliación. República y Guerra Civil. La Iglesia debe pedir perdón. ¿La izquierda también debe hacer lo mismo por el asesinato de sacerdotes y religiosos?

R- Todos. Eso no es propio ni de izquierdas ni de derechas. La persona que comete un error debe ser humilde para pedir perdón… En este caso, un perdón mutuo.

P- ¿Todavía se mira hacia atrás con odio?

R- Ultimamente se ha abierto ahí… Yo creo, sin embargo, que las generaciones jóvenes lo tienen olvidado. La gente mira más al futuro que al pasado.

P- ¿Por qué se acepta tan mal la verdad del otro?

R- En el fondo, por falta de madurez humana. Nos hallamos sumidos en nuestro egocentrismo, y creemos que estamos y poseemos toda la verdad. No nos percatamos de que el otro tiene la suya, y que se debe dialogar con esa verdad. Porque juntos llegaremos a una verdad más completa.

P- ¿Tiene la sensación de que el socialismo español es anticlerical?

R- Personalmente, creo que no. Hemos realizado grandes obras
sociales con gobiernos de ese signo político. Disponemos de grandes obras sociales donde han participado ayuntamientos de una y de otra parte.

P- ¿Por qué dimiten tan pocos obispos y cardenales?

R- Cada uno actúa conforme a su carisma. Yo escuché un día la llamada del Señor para ir a la misión. ¿Y por qué un obispo no va a tener una vocación misionera, como otro sacerdote, religioso o laico?

P- Usted es de los que dicen lo que piensan. Es crítico con oligarquías y oligarcas. Y así no se hacen amigos entre las autoridades.

R- Cuando ven que tú luchas por reducir las fronteras y buscar llegar al corazón del Evangelio -que los pobres estén en el centro de la mesa-, lo comprenden y colaboran. Hay que recordar aquel pensamiento de los Santos Padres: «No sólo hay que compartir lo superfluo, sino que hay que compartir incluso lo necesario». Y esta voz profética, crítica, hay que decírsela a unos y a otros.

P- Cristo fue un gran rebelde. ¿Decir eso es un pecado grave…o sólo desconocimiento?

R- Desconocimiento. Donde hay amor existe revolución. Y Cristo es el gran profeta del amor, que trabajó y luchó por la vida de todas las personas. No excluyó a nadie, pero le dio preferencia a los pobres. Por eso trabajar por los desheredados, decirle al rico que tiene que compartir -que no puede quedarse satisfecho en su bienestar- es revolucionario.

P- ¿Qué le aproxima a la Teología de la Liberación?

R- En Hispanoamérica, no hay otra Teología. En el Norte, con una sociedad satisfecha, del bienestar, nos preguntamos: ¿cómo hablar de Dios a los ricos? En el Sur, por el contrario, tenemos que interrogarnos: ¿cómo hablar de Dios a los pobres? La Teología de la Liberación intenta responder a esa última pregunta.

P- ¿Le pide a Dios no caer en la tentación de…?

R- …Del individualismo, de la insolidaridad, de no adquirir conciencia de que los problemas del mundo pueden y deben tener solución entre todos.

Sobre el autor

Javier

Laico vicenciano, afiliado a la Congregación de la Misión. Gestiona y mantiene varias páginas web cristianas y vicencianas, incluida La Red de Formación "Somos Vicencianos", de la que es cofundador. Es también coordinador internacional de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Como músico católico, ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compañía discográfica católica de España. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de dirección, Gestión Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bilíngüe Español/Inglés. Trabaja en las Tecnologías de la Información, ofreciendo servicios de alojamiento, diseño y mantenimiento Web, así como asesoramiento, formación y soluciones informáticas, gestión documental y digitalización de textos, edición y maquetación de libros, revistas, flyers, etc.

1 comentario

  1. Manuel

    Estoy convencido de que obispos como este son los que construyen el Reino en la Tierra, los que revitalizarían a la Iglesia y los que contribuirían a cambiar al mundo y las almas. Pero nos cuesta mucho seguirlos.

    Responder

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