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Curiosidades pascuales

Curiosidades pascuales

Alrededor de la Semana Santa hay una serie de tradiciones, algunas locales, otras más extendidas, cuyo origen es extraño o, cuando menos, singular. Sin extenderme mucho y sin profundizar en el tema, pongo acá lo que he encontrado al respecto de algunas de ellas:

El nombre

En la mayoría de las idiomas, con excepción del inglés y del alemán, el nombre Pascua deriva de la palabra “Pesach”, nombre hebreo para las pascuas, una festividad judía que está ligadamente fuertemente con la católica.

La Pascua era la fiesta más solemne del pueblo hebreo, que celebraban para conmemorar la salida de Egipto o liberación del cautiverio sufrido en ese país. Tenía lugar a media luna de marzo. Por haber acontecido la Resurrección de Jesucristo en el tiempo de la celebración de la Pascua judía, la Iglesia celebra ese magno suceso por esa misma época. La Pascua de Resurrección, llamada también Pascua Florida, es la festividad más solemne de la Iglesia. La Pascua es el paso de Cristo de la muerte a la vida. Un paso que significó la salvación del mundo y la redención de los pecados.

¿Por qué se llama Pascua florida?

Así llamaba el lenguaje popular a las fiestas pascuales. El antiguo catecismo había recogido la expresión cuando prescribía a los creyentes “comulgar por Pascua florida”. Es un nombre plenamente justificado, porque la Pascua coincide con la estación en la que tras el letargo invernal, la naturaleza vive, de forma repentina y casi inesperada, la explosión de color, formas, perfumes, vida y belleza que denominamos primavera. “Pascua florida” une en perfecta armonía la fiesta cristiana, litúrgica, y la experiencia natural, profana, que subyace a ella.

La fecha de la Semana Santa

La Pascua tiene fecha variable. En el Concilio de Nicea, el año 325, se decidió que la Pascua de Resurrección se celebrase “el domingo después a la primera luna llena que siguiera al equinoccio de primavera (21 de marzo)“. Por eso, todos los años, se puede disfrutar de la luna llena en las procesiones.

Los huevos de Pascua

De todos los símbolos asociados con Pascua, el símbolo de fertilidad y nueva vida es el más identificable. Las costumbres y tradiciones de utilizar huevos han sido asociadas con Pascua por siglos. Originalmente los huevos se pintaban de colores luminosos y fuertes para representar la luz de primavera. Se utilizaban en concursos en los que se rodaban los huevos, o se intercambiaban como regalos. Amantes y admiradores se los regalaban entre sí como se hace con tarjetas de San Valentín en algunas partes del mundo. En la época medieval, tradicionalmente se regalaban huevos a los sirvientes. En Alemania, se les daban huevos a los niños acompañados de otros regalos de Pascua… Distintas culturas han desarrollado sus propias maneras de decorar los huevos. Huevos rojos se intercambian en Grecia en honor a la sangre de Cristo. En partes de Alemania y Austria, se utilizan huevos verdes para Jueves Maundy (Jueves Santo). Personas eslovacas decoran huevos con patrones delicados en dorado y plateado. Artistas austriacas hacen patrones pegando helechos y pequeñas plantas alrededor del huevo e después hirviéndolos. Al quitar las plantas queda un delicado patrón en un blanco reluciente. Los polacos y ucranianos utilizan diseños simples y colores fuertes, o decoran en el distintivo estilo pysanki (diseñar o escribir). Los huevos pysanki son obras maestras de habilidad y trabajo. Se le echa cera de abeja derretida al huevo blanco y después se baña en una serie de tintes sucesivamente. Después de cada baño se pinta con cera de nuevo. Eventualmente emerge un patrón complejo de líneas y colores. En Alemania y otros países se vacían los huevos en un plato hondo haciéndoles un agujero con una aguja y soplándolos para quitar su contenido. Las cáscaras se tiñen y se cuelgan en arbolitos y arbustos de Pascua durante Semana Santa. Los armenios decoraban huevos vaciados con imágenes de Cristo, la Virgen y diseños religiosos.

En algunos países europeos, los huevos se decoran el Jueves Santo y se rompen el Domingo. La cáscara representa la tumba en la que Jesús estuvo sepultado, y es por eso que el huevo se quiebra el domingo de Pascua, pues Cristo resucitó de entre los muertos y salió de su sepulcro.

Huevos de Pascua de chocolate

Todo comienza en Semana Santa y culmina con el Domingo de Pascua, que se presenta como una de las más importantes fiestas religiosas. Las tradiciones en esta fiesta han ido variando con el correr de los siglos hasta llegar a convertirse, para la gran mayoría de la gente, en una semana donde no se trabaja y se comen los famosos huevos de Pascua. De hecho, el Domingo Santo es uno de los dos días del año en el que se consume más chocolates (el otro es la Navidad). Desde los comienzos de la humanidad, el huevo fue sinónimo de fertilidad, esperanza y renacimiento. El huevo adiquirió importancia dentro de la mitología egipcia cuando el Ave Fénix se quemó en su nido y volvió a renacer más tarde a partir del huevo que lo había creado en un principio. También los hindúes sostenían que el mundo había nacido de un huevo. Los huevos de pascua en la antigüedad eran de gallina y de pato, y en la Edad Media les eran regalados a los chicos durante las celebraciones. Al tiempo, los cristianos comenzaron a obsequiarse huevos durante la Semana Santa con regalos y al principio el siglo 19, en Alemania, Italia y Francia, aparecieron los primeros huevos hechos con chocolate con pequeños regalos adentro. En cuanto a la decoración, los huevos de Pascua siempre han representado un desafío para los reposteros. Pero las diversas culturas fueron decorando de manera diferente los huevos. En sus comienzos, eran pintados a mano con colores estridentes que representaban la luz del sol. Los huevos se hacían uno a uno con un molde prefabricado, lo que dificultaba mucho su elaboración masiva. Los colores estridentes fueron apareciendo con las grandes producciones de huevos, por los años 20 y 30 del siglo pasado. Si la gastronomía es excelente de por sí, en Italia todos los sentidos disfrutan de Pascua. Además del infaltable presente de los huevos de chocolate para los seres más queridos, una ocasional lágrima y un sentimiento inexplicable para aquellos que no tienen sangre peninsular, la “colomba pasquale” o paloma de Pascua es una tradición italiana. ¿Por qué paloma? Porque, de acuerdo con la destreza del cocinero, tiene la forma de una paloma en vuelo vista desde abajo.

El origen del capirote

Hay que remontarse hasta los comienzos de la Inquisición, cuando a las personas que estaban castigadas por motivos religiosos se les imponía la obligación de usar una prenda de tela que les cubriera el pecho y la espalda (el sambenito, “saco bendito”) y un cucurucho de cartón en señal de penitencia. Esta costumbre fue adoptada por algunas cofradías de Semana Santa y dependiendo la zona son diferentes (en unos sitios se usa con antifaz y en otros sin él).

Las monas de Pascua y las torrijas

La tradición de la mona es típica de Cataluña y consiste en un pastel de harina, azúcar, huevos y mantequilla que el padrino o padrina regala a su ahijado o ahijada el lunes de Pascua, día festivo en Catalunya. La costumbre es muy antigua, ya que sale documentada en el siglo XV, aunque su primitiva elaboración era diferente de la que se conoce ahora. Antiguamente la mona era una torta de pan lógicamente circular, pero también podía tener diferentes formas: un cordero, una gallina, una luna, un barco, un molino … pero en ninguna de ellas faltaba el huevo de chocolate. La tradición dice que la mona se regala hasta que el ahijado celebra la primera comunión.

Las torrijas: se desconoce cuál es el momento exacto en el que las torrijas comienzan su andadura, sin embargo, se cree que datan de la Edad Media y, a partir de aquí, la receta se propaga con rapidez. Su cuna la encontramos en los conventos y era el remedio perfecto para aprovechar el pan sobrante. Poco tiempo después, se comenzaron a preparar en las casas. Al preguntar a Esteban Fernández, de la Asociación Empresarial de Pastelería Artesanal de la Comunidad de Madrid y perteneciente a la cuarta generación de una antigua estirpe de pasteleros, sobre el por qué de la estrecha vinculación entre las torrijas y la Semana Santa, nos relata una historia cargada de simbología. “Las torrijas, al igual que la Semana Santa, representan la vida y muerte de Jesús. Según el rito católico, el pan es el cuerpo de Cristo, que muere en este tiempo, del mismo modo que la base de las torrijas es pan muerto. La leche, los huevos y la fritura -nos detalla- se entienden como los baños necesarios para que el cuerpo resucite y dicha fritura refleja el sufrimiento del Señor. Se produce la resurrección del pan muerto y de ahí la consideración de postre divino”.

Los conejos de Pascua

El conejo de Pascua no es un invento moderno. Tiene su origen en las celebraciones anglo-sajonas pre-cristianas. El conejo, un animal muy fértil, era el símbolo terrenal de la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril. El conejo, como símbolo de Pascua, parece tener sus orígenes en Alemania donde es mencionado por primera vez en unos textos del siglo XVI. Los primeros conejos comestibles se fabricaron en Alemania en el siglo XIX de pastelería y azúcar. El conejo de Pascua fue introducido en EE.UU. por los inmigrantes alemanes que llegaron al Pennsylvania Dutch Country durante el siglo XVIII. La llegada del “Oschter Haws” se consideraba uno de los grandes placeres de la infancia, equivalente a una visita de Papá Noel en Noche Buena. Los niños creían que si se portaban bien, el “Oschter Haws” pondría huevos de colores. Los niños construían nidos en lugares apartados o escondidos de la casa, el granero o el jardín para que pusiera sus huevos el conejito. Más tarde empezaría la tradición de construir elaboradas cestas para poner los huevos.

Los azotes en República Checa

En la República Checa, la tradición es azotar. Se realiza el lunes de Pascua por la mañana, cuando los hombres azotan a las mujeres con un látigo especial hecho a mano, denominado pomlázka. El pomlázka consiste en ocho, doce o hasta veinticuatro varas de sauce y es generalmente de medio metro a dos metros de largo y adornado con cintas coloreadas en el extremo. Mientras que el azote puede ser doloroso, el propósito no es causar el sufrimiento. Este rito se lleva a cabo para que los varones exhiban su atracción a las mujeres; incluso puede ocurrir que una mujer no azotada se sienta ofendida. La muchacha azotada da un huevo coloreado al individuo como una muestra de agradecimiento y perdón. Una leyenda dice que las muchachas deben ser azotadas para guardar su salud y fertilidad durante el año próximo. Las mujeres que han sido azotadas pueden obtener venganza por la tarde, cuando les llega el turno de verter un cubo de agua fría en el cuerpo de cualquier varón. Esta costumbre varía levemente en las diferentes regiones de la República Checa.

La tradición de las alfombras de Semana Santa

Un elemento indispensable de la semana santa antigueña (Guatemala) lo constituye indudablemte las alfombras elaboradas tanto para el paso de las procesiones por las calles de la ciudad como las elaboradas en los altares de velación.

Las alfombras de aserrín, flores o frutas constituyen una de las características más importantes de las celebraciones de la Semana Santa en Guatemala.

Su funcionalidad está muy ligada a lo propiciatorio, a lo rogativo. El elaborar una alfombra significa para los creyentes agradecer una gracia, un milagro, y se convierte en obligación personal del individuo con la imagen a que venera.

Las alfombras son un arte efímero reconocido en todo el mundo que demuestra la devoción y fé del pueblo católico que dedica este trabajo y esfuerzo para recibir la bendición de la imágen que llega a recorrer su barrio.

El orígen de esta tradición se le atribuye al hecho de que en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalen la gente que le recibió extendió a su paso mantos y palmas en aquel Domingo de Ramos. En ese entonces a los reyes o soberanos se les recibia de esa manera. Esta escrito en la Biblia que a su vez la gente que le recibia exclamaba: Bendito el que viene en el nombre del Señor, Hossana al hijo de David.

Se sabe que la costumbre de la elaboración de las alfombras fue traida del Viejo Mundo por los conquistadores. La elaboración de alfombras era ya muy popular en España para el siglo XIV, particularmente en las Islas Canarias, en Tenerife e Isla de la Gomera, en donde se elaboraban alfombras desde tiempos remotos, ya que hay testimonios escritos del siglo VII, confeccionadas con tierras de colores, arenas y también de flores. Otra tradición primitiva catalana consistía en sembrar el suelo, por donde debía pasar la procesión del Corpus Christi, de ramaje de plantas olorosas como el romero o el espliego que, junto a los pétalos de rosas que se echan al paso del Santísimo Sacramento, crean un ambiente especial, medio campesino medio urbano por donde había de pasar la procesión. En algunos lugares, como Toledo, donde la tradición procesional es también muy antigua, además de ese alfombrado se construían arcos.

En la Guatemala hispánica los franciscanos, que tuvieron a su cargo la mayor parte de la evangelización en Guatemala, mantuvieron la tendencia a favorecer la religiosidad popular. Uno de ellos, Pedro de Betancourth, era originario de Villa Flor, pueblecito de Tenerife, por lo que conocía las tradiciones canarias. Con este origen y con el desarrollo histórico de los siglos XVII y XVIII, las alfombras se sincretizaron e hicieron guatemaltecas porque se cargaron de nuevo contenido, que las llevaron a formar parte de la cultura de los habitantes.

Tambien en el Nuevo Mundo, antes de la venida de los españoles, los indígenas elaboraban para sus ceremonias religiosas alfombras de pino, flores y plumas.

Los jarrones de Corfú

En esta isla griega, tirar objetos de cerámica por la ventana llenos de agua o vino el sábado de Semana Santa trae buena suerte durante el resto del año.

A las 11 de la mañana, se espera al repique de las campanas, que anuncian la primera resurrección de Jesús, como lo llaman los griegos, previa a la que tiene lugar la medianoche de ese mismo día. Es el momento en que los sollozos por el sufrimiento de Jesús dan paso a la alegría y al ruido de la cerámica al romperse. De hecho, en esta isla compiten por tirar la mayor jarra, que se llevará el aplauso más caluroso de la gente.

La tradición puede ser de origen veneciano, donde en Año Nuevo acostumbran a tirar las cosas viejas para que el nuevo año les traiga nuevas, o de origen pagano. Romper los jarrones simboliza la llegada de la primavera y de la nueva cosecha, que se guardará en nuevas vasijas.

Sobre el autor

Javier

Laico vicenciano, afiliado a la Congregación de la Misión. Gestiona y mantiene varias páginas web cristianas y vicencianas, incluida La Red de Formación "Somos Vicencianos", de la que es cofundador. Es también coordinador internacional de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Como músico católico, ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compañía discográfica católica de España. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de dirección, Gestión Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bilíngüe Español/Inglés. Trabaja en las Tecnologías de la Información, ofreciendo servicios de alojamiento, diseño y mantenimiento Web, así como asesoramiento, formación y soluciones informáticas, gestión documental y digitalización de textos, edición y maquetación de libros, revistas, flyers, etc.

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