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Una presencia que es vida

Una presencia que es vida

En el corazón de mi caminar como cristiano hay dos referentes que vertebran mi Fe.

Uno son los pobres, lugar de encuentro con el Señor, auténtico sacramento de salvación y, casi diría, única senda segura hacia el Padre. No por ser mejores o peores que el resto, sino porque Dios los ha preferido a ellos. La parcialidad de Dios es, aquí, clara: «porque de ellos es el Reino de los Cielos«.

El otro es la Eucaristía. Acercarse al misterio de Jesucristo que se recoge en su presencia misteriosa, ininteligible, en un poco de comida, es tomar contacto con el Dios que quiso quedarse entre nosotros, que quiso partirse y repartirse a los hombres, desde la humildad de un poco de pan y un poco de vino. No puedo explicar el misterio (¡quién puede!), ni quiero entrar en las grandilocuentes palabras que intentan aclararlo. Ante el misterio sólo queda contemplarlo y adorar al Dios que se revela a través de Él. Sé que es el más preciado y precioso regalo que Dios nos dejó a nosotros, su Iglesia, y así lo vivo: como regalo, como don que no merezco por mis méritos, pero que recibo agradecido del Dios que se regala en él.

La foto muestra un cáliz y una patena de madera, de los que usamos en Honduras. Sencillos, humildes, no desvían la mirada a nada que no sea lo que van conteniendo: al mismo Jesucristo, que fue pobre y sencillo como el material que compone estos instrumentos: simple madera que en otro tiempo formó parte del tronco de un árbol y que, como Jesucristo, nos donó su cuerpo para transportar al Dios de los pobres.

Sobre el autor

Javier

Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya en los títulos de Asistente de Dirección, Gestión Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada. Bilíngüe en español e inglés. Su carrera profesional se centra en las Tecnologías de la Información, en las que ofrece una amplia gama de servicios, incluyendo alojamiento, diseño y mantenimiento de páginas web, así como asesoramiento, formación y soluciones informáticas. También se especializa en gestión documental, digitalización de textos y la edición y maquetación de libros, revistas, flyers y otros materiales gráficos. En el ámbito cristiano, es un laico vicenciano, afiliado a la Congregación de la Misión y miembro activo de la Sociedad de San Vicente de Paúl, en la que coordina la Comisión Histórica Internacional y ha publicado varios libros dedicados a su principal fundador, el beato Federico Ozanam. Gestiona y mantiene varias páginas web, incluida la Red de Formación "Somos Vicencianos", de la cual es cofundador. Además, es coordinador de la Comisión Internacional de Comunicaciones de la Familia Vicenciana, colaborando en la difusión de los valores y la misión de esta comunidad. En su faceta musical, ha editado varios discos como músico católico y fue director y cofundador de Trovador, reconocida compañía discográfica católica en España.

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